"Una última confesión melancólica. No he tenido tiempo de ejercer la literatura.
Pero he dedicado todas las horas posibles para amarla."

-Juan José Arreola


5 de septiembre de 2011

Los empeños de esta cosa

Liza Minnelli y Joel Grey en Cabaret de Bob Fosse
"Money makes the world go around"
Terminó el que, en más de un sentido, ha sido un mes frenético que habría hecho las delicias del superlativo Scorsese de After Hours.
Como las más vulgares sinrazones suelen encarnarse en las más apremiantes razones, apenas me disponía a celebrar cierta mejora en mi situación económica cuando llegaron a cortarme la luz. Los grados de cumplimiento o incumplimiento de cada una de las partes son aburridos y ociosos, amén de que nada quitan o añaden. El caso es que me vi ante el apremio de un pago que ni tenía ni tengo aún manera de afrontar.
Como en cuestiones delictivas soy un lego -con muchas ganas de llegar a experto- recurrí a diversos métodos para suprimir la angustia incalificable que a cualquiera le produciría esta situación. Al final opté por el viejo e infalible método: trabajar.
No reverencio el trabajo ni sus frutos. O sí, pero no el trabajo ligado a la obtención de comodidades y bienes materiales. Nuestra sociedad -no obstante- nos impone grosería y dioses. Desempolvé viejas argucias y me entregué a don Dinero como la frígida al supremo ente metafísico.
Escribí artículos para Milenio semanal: "Réquiem para la generación perdida" y "El discreto encanto de la censura". El primero de ellos un análisis egotista de mi versión como creador en torno al desencanto relativo a luchas e ideales del que había hablado un mes antes; el otro una reflexión espinosa sobre el tema, ilustrada con una divertida -o al menos interesante- anécdota de cierto suceso público de hace más de 5 lustros. Para Etcétera fue mi personal tributo al maestro y amigo Adolfo Sánchez Vázquez, titulado "Rara avis del marxismo", y para Replicante "La construcción de la patria", título engañoso pero atinado de las anécdotas de mi largo empeño como constructor en diversos rincones de nuestro país, recogidas para el tema "México antiturístico".
El factor mágico que unos llaman causalidad y otros casualidad no siempre con una idea clara de la diferencia teórica o deseada, trajo a tal empeño dramático dos birlibirloque  deux ex machina. El escritor Miguel Ángel Dávila, cinéfilo y experto en análisis cinematográfico entre otras cosas, me conectó con José Felipe Coria -quien está haciendo un trabajo asombroso en el Centro Universitario de Estudios Cinematográficos (CUEC) de la UNAM- para impartir el primer curso de "Teoría del Arte" que se ensaya en esa magnífica escuela. Todo un privilegio para mí y espero que una buena caja de herramientas para los alumnos. Volví a las reflexiones estéticas tras años de haberlas soterrado y venirlas aplicando a mi obra y el mundo desde la intuición cognoscente -concepto que da para discutir, cosa que no pienso hacer-. El problema único fue que de entrevistarme con el maestro Coria al inicio del curso sólo hubo una semana en la que -obviamente- me dejé las pestañas y me exprimí el lenguaje hasta volver a poner mi pensar estético en un orden comunicable.
Aún no terminaba ese curso cuando -por mediación de distintas personas- fui invitado a impartir el curso "Teatro II" en el programa nacional de diplomados del INBA, concretamente -en primera instancia- para los alumnos del Diplomado en Letras del Centro Regional de las Artes en Zamora, Mich. Mis estudios y práctica del teatro y la dramaturgia son grandes, pero el tiempo para preparar el curso era -otra vez- una semana.
En ambos casos me llevé sorpresas por mi ingenuidad respecto de los niveles educativos del país. Como docente siempre he creído que el tiempo de diagnóstico contribuye determinadamente a los resultados, pero no deja de ser angustiante cuando el diagnóstico nos destroza el programa o temario preparado para obligarnos a remontarnos la módica cantidad de -como mínimo- dos siglos y medio de reflexión. Tuve que hacerlo, con gran beneficio para mí y espero que alguno para los alumnos.
Lo único que hice sin dinero mediante y si una gran satisfacción fue ir a la presentación del libro "Mauricio Rocha". Durante el mes que inicia algo escribiré acerca de este extraordinario arquitecto mexicano.
En condiciones habituales -cualquiera que me conozca lo sabe- yo no habría aceptado poner un pie más allá del café que frecuento, a dos cuadras de casa, pero el dinero apremia y la docencia es una buena razón para romper el aislamiento: mentes vivas que esperan, desean y proponen.
Lo cierto es que desordené mi tiempo y mi vida por dinero. Aún no cobro ni un peso de todo este afán. Me cortarán la luz: La CFE es muy cumplidora para cobros y cortes, pero tan ineficaz en sus demás asuntos como los encargados de pagar honorarios de los que el SAT saca presurosa y cumplidamente una sabrosa tajada que no se refleja en gasto público, inversión o incentivos. ¿Ya mencioné el asunto de mi desencanto respecto al trabajo remunerado? Valga decir -finalmente- que siempre es preferible tener deudores que acreedores o que, al menos, haya entre ellos un equilibrio casi casi estético.