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| Salvador "Negro" Ojeda erotiza un arpa en su casa de Coyoacán. Foto: Archivo Proceso © |
Este fin de semana vino signado por altos contrastes, extremos que -como tales- terminan por unirse. Un simple Alpha y Omega, Eros y Tánatos.
Yo sabía desde hacía un par de meses que el número de febrero de Replicante. Ideas para un país en ruinas trataría de erotismo y pornografía. Ambos temas me producen una gran atracción erótica, ambos me gustan y ambos me interesan. Para mí la pregunta acerca de la diferencia entre uno y otra no era nueva en absoluto, pero nunca me había formulado respuestas claras, pues el mundo me gusta más contemplado y percibido que comprendido. Pero, tanto como dejar el mundo libre de las turbiedades de la razón, me gusta jugar con las ideas, el lenguaje y las inagotables posibilidades que ofrece la literatura. Así, los dos meses que tuve para pensar el tema los convertí en tiempo para pensar en qué tratamiento darle. La forma más coherente con mi particular modo de comprensión y expresión era el pequeño ensayo imbricado que llamé "De un mundo raro", publicado este sábado 12 de febrero.
Irónica, paradójica o complementariamente, al día siguiente, domingo 13, Milenio Semanal publicó "El Negro Ojeda, 80 años de música y leyenda". Para quienes no estén al tanto, debo consignar que el gran músico mexicano falleció apenas el miércoles 9. Pareciera que escribí un homenaje post mortem, pero no soy dado a tales cosas. Mi texto era una celebración por los 80 años que el Negro había cumplido en enero 27. Roberta Garza, directora de M. Semanal -que, por cierto, tiene que lidiar semana con semana con una cantidad delirante de colaboraciones- no priorizó su publicación, pese a ser fan declarada, bajo la misma idea que yo tenía cuando escribí el texto: Que esto de que el Negro muriera era asunto que iba para largo. Lamentablemente no fue así y sólo por 4 días de mandato trágico, Salvador "Negro" Ojeda, a quien tanto quise y quien tanto me quiso, no alcanzó a leer mi homenaje.
Así pues, dicho de un modo poco festivo, ha sido un fin de semana completo del modo en que lo comenté en el primer párrafo. Lo fue por los caprichos -siempre sorprendentes, y nada tengo de nuevo en esto del periodismo como para sorprenderme con facilidad- de los tiempos editoriales. Escribí estos dos textos con varios días de diferencia y bajo estados de ánimo bien diferentes. La conjunción de eros y tánatos que mi mente y mi pluma no intentaron y quién sabe si habrían osado emprender, me la reflejó la casualidad; sin haberlo buscado en absoluto, me leí en el espejo de mis propias palabras, errantes ebrias entre los prostíbulos y las funerarias -falsamente contrarios, inmensamente similares-, entre el erotismo lúbrico que fascina y el tanático horror que nos impide vivir sin soñar a Saturno devorando a sus hijos. Alpha y Omega, vida y muerte, erotismo en ambos, y también pornografía cuando se les presenta de un modo -con perdón por tan simple, precisa y esquiva descripción- pornográfico.


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