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| Foto: Luis Jorge Gallegos Archivo Milenio Semanal |
Primero con Ariel Ruiz y después con Rogelio Villarreal hubo la idea de hacer una larga entrevista a Huberto Batis. Trataría de multitud de temas, pues el hombre es panabarcante rayano en omnisciente. Mi punto de vista era y es que, tras veinte años de amistad intensa con charlas constantes, no necesito entrevistarlo para saber qué opina de los temas de interés común. A esto hay que añadir que el formato pregunta respuesta no me acomoda en absoluto: tiendo a conversar y divagar de tal modo que lo periférico termina por ser más interesante que el asunto que le da origen. En resumen soy un pésimo entrevistador.
Pero hay algo más profundo. Las amistades añejas son como árboles viejos: uno puede vagar de rama en rama sin más aprecio por una que por otra. Desaparece la mirada distante y objetiva. Lo que le importa a uno no es lo que importa al mundo, y el mundo importa poco cuando las propias ramas se entreveran con las del amigo. Se sabe tanto de esa persona que ya no se sabe lo que otros quisieran saber. Eso en cuanto al ramaje, la luz, la fronda rica y vistosa; la región solar. Sin embargo, en ese tipo de amistad siempre hay otro símil, también como cristal quebrado, que vive en las profundidades donde ni llega el Sol ni es grato poner el pie: El coral y sus noblezas que, endurecidas, son facas inclementes. La amistad sabe cortarse con ellas sin emitir un quejido, porque uno también esconde sus mezquindades y miserias.
Nunca he hallado una buena y suficiente descripción de la amistad. Tampoco yo la tengo. Sé que un amigo -cuando lo es de veras- resulta lo bastante íntimo para devenir inasible. No se puede externar un amigo, quizá por eso no es fácil precisar qué entendemos por amistad.
Me era, pues, imposible entrevistar a Huberto. Podrían hacerlo Ariel o Rogelio, pero yo no. Lo que no pude ni quise eludir fue reaccionar ante comentarios nefastos, quién sabe si malintencionados, que pulularon acerca de su salud. Hablé con él y sin preguntas mediante me di cuenta de que lamenta que sólo se le conozca como el periodista cultural, mientras su obra escrita parece destinada al olvido. También me quedó claro que ve con tristeza cómo sus opiniones políticas, siempre congruentes y a veces temerarias, sólo cobran importancia en estos tiempos de oscurantismo neoliberal: que se pasan por alto sus muchos años como politólogo e incorruptible crítico de los gobiernos, desde el presidencialismo priista hasta el neoliberalismo multipartidista que en estos momentos encabeza el PAN con la anuencia de los demás timadores con presupuesto.
Así surgió la idea del recordatorio "El otro Batis. El Escritor y el Muerto Imaginario" que publica Milenio Semanal en su edición presente, número 689, 16 de enero de 2011.


2 comentarios:
Muy hermoso. De hecho me quedé pensando en...la amistad. A un amigo amigo lo dejas de ver diez o quince o más años y siguen conversando como si se hubieran visto ayer. Hay infinidad de sobreentendidos, por lo cual entiendo que resulte torpe hacerle una entrevista a un amigo amigo. De entrada con esos da igual estar en silencio que hablando. Quizá sea lo más valioso. Una relación amorosa se rompe y generalmente esa persona ya nos tiene sin cuidado el resto de nuestras vidas. No me imagino eso con los carnales carnales, que por cierto son uno o dos. Gracias.
que reiterativa...quién sabe que hice, abrazos y felicidades por el blog, está padrísimo, lo estoy leyendo con calma, mil gracias¡ Este va una sola vez..espero
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