"Una última confesión melancólica. No he tenido tiempo de ejercer la literatura.
Pero he dedicado todas las horas posibles para amarla."

-Juan José Arreola


8 de diciembre de 2010

Artículo "Cablevisiones" en la revista "Etcétera", especializada en medios.


Uno vuelve siempre de una u otra forma, entendido así o asá; es ley cósmica, filosófica y existencial. Incluso puede que sea verdad, aunque eso nunca se sabe. No parecía probable, pero tras 15 años he regresado a etcétera con mi artículo "Cablevisiones".

Entre 1993 y 95 fui colaborador constante del entonces emergente semanario etcétera que dirigía Raúl Trejo Delarbre y donde ejercía como coeditor Marco Levario Turcott. La línea editorial de entonces era política y cultura, área -esta última- en la que me sentí como pez en el agua hasta que una convergencia de zarandajas y frivolidades me dejó varado en la arena. Hubo grillas, siempre las hay. En esas grillas Levario intentó mediar en mi favor. Pasaron 15 años y -así soy yo, ¿qué le voy a hacer?- no olvidé la generosidad del hoy director de etcétera, revista derivada de aquel semanario.

Muchos cambios hubo en el camino, desde el formato, que era en papel cultural a dos tintas y ahora es cuché a 4x4, hasta la línea editorial. Cuando -por circunstancias que desconozco y que si conociera no sería mi asunto comentar- Marco Levario Turcott se quedó como director de etcétera, tuvo el tino  -compartido con Raúl Trejo Delarbre- de hacerla revista mensual, pero sobre todo fue visionario, también junto con Trejo, al hacer de ella la primera revista en México especializada en medios. Por entonces nadie podía adivinar que la cultura -buena, mala, regular o no-sabe-y/o-no-contesta-, motor de cuanto sucede en el mundo fuera de lo estrictamente natural, se trasladaría, en lo mediático, casi totalmente a la web y que, con el magnífico fenómeno de las redes sociales, sólo la caja idiota -hipnótica y adictiva- podría de vez en vez echar un pulso a los códigos binarios tendientes a infinito. Con esta línea y este valor incuestionable, la revista etcétera cumplió 10 años el mes pasado.

Hacía poco había tenido la suerte de reencontrarme con Marco. ¿Dónde más sino en Facebook? Fueron muy, pero muy pocas las palabras que necesitamos para retomar la amistad dejada en suspenso y para que se cruzaran los mensajes en que yo le pedía regresar a etcétera y él me invitaba a hacerlo.

Para mí representó un reto inmenso, pues no veo la televisión, no voy a reuniones, no hago ni tomo llamadas telefónicas, no suelo estar al tanto de casi nada -salvo de mis hijos, las existencias domésticas de café y tabaco y, por supuesto, el fútbol. ¡Mucho menos de medios! Entre la dedicación a mi obra de ficción y mi uso sui generis de las redes tardé en darme cuenta de que con estas basta para estar al tanto al menos de lo que en estas sucede, casi todo y ecos de casi todo. Se dio de casualidad causal o causalidad casual -como Borges guste- el día de muertos en que murió mi teléfono pero no mi conexión a Internet y...

De eso trata el artículo Cablevisiones, que publica en su edición de diciembre la revista etcétera, cuyo pintiparado lema es "Para entender a los medios".

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Nota: La edición impresa, para quienes seguimos prefiriendo leer tinta y magrear papel, se consigue en las principales librerías y en Sanborns, ¡qué remedio! 

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Eu queria postar algo como isso no meu site e isso me deu uma idéia. Cheers.

Anónimo dijo...

Il semble que vous soyez un expert dans ce domaine, vos remarques sont tres interessantes, merci.

- Daniel