PÉCHÉ D'OMISSION

PÉCHÉ D'OMISSION
Miguelángel Díaz Monges

Sobre mi mesa de noche una libreta de cubierta negra donde se lee Hôtel Lutetía París, Rive-Gauche. Me encantaría decir que desde la ventana de mi habitación en el 45 de Boulevard Raspail la vista era un ensamble perfecto entre la ciudad donde Miller fue un miserable y aquella otra, a medias diferente, en la que se solazan presuntuosa y grandilocuentemente los parisinos. Pero no es así. Nunca estuve en dicho hotel. Nunca estuve en París, salvo de paso, de una forma mezquina y desmemoriada. No recuerdo París. No me recuerdo en París.

NOCHE INVERNAL BAJO LA CRUZ DEL SUR. Homenaje a dos patrias "sudacas".

¡Es tan fácil amar a Buenos Aires! También a Montevideo. Pero la gente no sabe –no se lo han avisado- que es fácil amar al Uruguay.

Amar a Buenos Aires es como morder una aceituna y saber que la vida es verde olivo. Amar a Montevideo es como probar un aguardiente nuevo y esperar a que el gusto se acostumbre primero, después se alegre y finalmente lo exija. Como el mate o la grapa.

Será que duele tanto ver que Montevideo y Buenos Aires son (ahora y desde siempre, aunque sea un disparate geográfico- las ciudades más lejanas de la Tierra, que me da por unirlas en un mismo amor tanguezco o milonguero que sabe muy bien las diferencias pero elige las similitudes e instruye un matrimonio como los que con tan buen ojo y tino arreglaban los viejos patriarcas, seguros de que a la diferencia vendría el complemento y de su unión el amor; el pobre olvidado amor que suena con tiza porque es cosa de tangos, materia envejecida para Cronopios sin esperanzas ni olvido.

“De cara al Sur”, siempre hacia allá, ¿cómo no amar al tango? El tango que amó mi padre, el que fue de mi abuelo. La danza de los mismos que danzan a cuchillo de que hablara Borges; el tango que amó Cortázar a despecho del jazz que compartía el buril de la barriada de su corazón de Cronopio. (Cortázar no escribió si los Cronopios tienen corazón, pero él sí que lo tenía; Borges quién sabe. Y el tango es corazón, corazón puro como la milonga, pero danzante y marcado como una taquicardia de metejón candente.)

El tango que no sólo es Carlitos, ni Marianito o el doloroso Discépolo, sino también Piazzola y Rinaldi y cualquier miserable que desde su tiniebla íntima se marque un tango sólo para sí mismo y nada más porque sí. El tango que no es Oriental ni deja de serlo, porque es un puente sobre el Río de la Plata que une dos ciudades que algunos no saben lo que son.

Amo el tango y es una confusión amarlo tanto. Será mi adolescencia entre argentinos y uruguayos (y, desde luego, entre las pebetas que nos convidaban, aquellas dulces Margaritas del percal que se hicieron bacanas Margot). Será el abuelo viejo esperando la muerte con la radio en FM-Tango. El abuelo, un viejo antes héroe ya olvidado que dejó su Bilbao por una guerra que quitó el guinda (y la guinda) de su bandera y que dejó su París por un exilio total… Y a falta de lo que fuera se quedó a sólo durar ya para siempre entre tangos y tangos… y una que otra milonga, que es el resto de la sangre que cuaja, se amorcilla y es alimento para guapos, cafiches, tahúres, magnates y ciegos que no precisan de la luz.

Serán mis uruguayos y argentinos; o la música heredada de mi abuelo o mi sangre de vasco agareno que es casi lo mismo que sangre de criollo bravo, de gaucho malevo y sentimental con sólo cuerda, bolea y vigüela –si acaso un perro descriado y ladrador- perdido en un mundo en el que el tango tiene que esperar la silenciosa madrugada y entonces romper en sensualidad y dolor marcados a contrapunto de bandoneón y vigüela… Y, claro, si es posible, con la voz de Carlitos, el zorzal morocho, criollo del abasto.

TULUM EN LA MEMORIA


TULUM EN LA MEMORIA
Miguelángel Díaz Monges

Para Paola Stefani
que me envió la postal


Si alguna vez encontré a Dios fue en Tulum. Ahora está prohibido, pero hace décadas se podía subir a la pirámide que da al acantilado. Conforme ascendías se te iba revelando el inmenso y portentoso océano.

En las playas bajo la colina de Tulum había un faro inútil encalado y encallado. Había nudistas hermosos que se limpiaban la espuma con la brisa. Había senderos por los que se llegaba a sitios ocultos donde se encontraban con el fuego los fornicadores más discretos, guarnecidos del ojo marino -que lo ve todo para olvidarlo disperso en el oleaje- y del ojo humano que -ahí mismo por una vez indiferente- mereciera ser ciego si no ve la identidad entre la pleamar y el orgasmo; mereciera la condena a las tinieblas porque pone su mezquindad en cuanto mira y sólo es capaz de generar morbo y onanismo.

Ese es mi Tulum, al que no he vuelto desde que supe que de esa pirámide y esas playas ha sido exiliado aquel Dios.

CANTAR ÉPICO (Homenaje satírico a don Francisco de Quevedo)


CANTAR ÉPICO

ESCRITO EN LA SERENA PAZ DEL ESCUSADO,
ALTAR PROPICIATORIO DE MUCHA SABIDURÍA

Por Don Preclaro*


Para la humanidad, ¡Tantos que sufren tanto y por tanto en esta Tierra!


Órgano, cual más, divino,
en el vientre, saturado,
padecía el intestino

por tanta mierda agobiado.

Recio y firme, dicho hermano
dedicábase a empujar,
mas el constreñido ano
se resistía a cagar.

La tripa, ya encabritada,
olvidó toda piedad
y la caca ahí alojada
tornose hedionda humildad.

Fue que el ano, en su soberbia,
pensó “¡No me da la gana!”,
y al confín del intestino
germinó una almorrana.

Así, la lucha, trabada,
mas de Natura la Ley
ordenó: “¡Fluya cagada
tan grande cual la de un buey!”

El saldo de la batalla
es de triste evocación:
hemorroides de gran talla,
mierda aguada y oclusión.

Asimismo, maldiciones
del ano hecho un estropicio
de tan grandes dimensiones
que le cogió amor al vicio.

Fatal es la consecuencia
de la necia voluntad.
No es ciencia ni es conciencia:
cagar es necesidad.


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* Don Preclaro D’ev o Carlos S. Según refiere la doctora Gregoria Larrauri Zuloaga en su Índice actualizado de autores ignotos, anónimos nombrables, seudónimos pillados y pertrechos varios, coedición de la RALE y finis Africae editorial, Irún, 1987, p. 3,512: “Escribió el excelentísimo Antonio Machado que ‘De toda la memoria sólo vale / el don preclaro de evocar los sueños’. He aquí una pista, quizá pobre, quizá desorbitada, acerca de la identidad del autor, a saber algún admirador y estudioso del poeta y filósofo andaluz.”

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