"Una última confesión melancólica. No he tenido tiempo de ejercer la literatura.
Pero he dedicado todas las horas posibles para amarla."

-Juan José Arreola


1 de marzo de 2008

RENUNCIA Y RAZONES


Reproduzco mi renuncia al suplemento sábado en 1999. Las razones quedan en ella expuestas y bien se ve que no es precisamente al GRAN SUPLEMENTO a lo que renuncio, sino a mucha vanidad y sobrada mierda.

El recoger la renuncia en este blog sea también un refrendo a mi amistad (hermandad filial y mucho más) viva y activa con el MAESTRO HUBERTO BATIS, a quien tantos hubiesen querido entender, borrar o relegar al imposible olvido. Ya se le agradecerá lo hecho, que no es poco.

Suplemento sábado
Sección Correspondencia
Julio de 1999


Querido Huberto:


“Polvo serán, mas polvo enamorado.”
F. de Q.y V.


Me ha sido difícil imponerme dejar de escribir En el retrete del mosto. Hace tiempo que perdió su sentido original y hace unos meses que dejó de ser una válvula de escape para mí. Yo te había dicho que “voy en tu barco hasta el naufragio” y así es; mas convendrás conmigo en que se puede ir en un barco sin ser tripulante. No me interesa escribir periódicamente para ninguna otra publicación (sólo lo hago para la revista Imprenta del IPN, que dirige nuestro amigo común César Benítez, y si llegara a publicar en otro medio sería a cambio de muy buena paga y compatibilidad ideológica y moral). Si sábado ha mejorado o empeorado es algo que no me pregunto, sólo sé que ha cambiado y que la interactividad que me fascinaba ya no existe; tampoco hay retroalimentación sino vaga e indecisa… Culpa de todos.


Mi sitio, sin embargo, sigue siendo sábado. Sólo me es imposible continuar semana tras semana mintiéndote, mintiendo a los lectores y mintiéndome a mí. Hasta hoy la verdad se ha impuesto, pero Alonso Quijano agoniza arrepentido frente al llamado quijotesco de Sancho. La obligación se ha apropiado de lo que era –más que cualquier otra cosa— desplante permanente de LIBERTAD. En el retrete del mosto empieza a sentirse encadenado: eso niega su razón de ser.


Estos son asuntos que se meditan lentamente y sólo se manifiestan con claridad de pronto. Ayer encontré un fax que me envió –por año nuevo, unos días antes de morir repentinamente— Jaime Pastor. En el último párrafo dice: “Creo que ganamos muchas cosas entre nosotros este año, pero sobre todo en el idioma de la fraternidad. La amistad sincera es el único vehículo que tenemos a la mano para acceder a un plano mucho más humano. Y por ella es que quise desearles los mejores frutos (a Susana, Álvaro Cristóbal y yo: Daniela Andalucía no había nacido). Cuídense mucho, mutuamente. Espero verlos pronto con todo y retoño. Mi madre les manda saludos también.” Me conmovió en lo más íntimo y me reveló lo que ha hecho el tiempo; lo que su transcurso dejó atrás sin toques de alarma ni desesperados gritos de auxilio: entre murmullos.


Independientemente de lo mucho que, a través de ti, unomásuno y sábado me han dado durante 10 años, En el retrete del mosto me dio 4 años de permanencia y libertad de expresión (170 entregas, por lo menos 340 cuartillas, más abundantes desolladas); durante los últimos años tuve un refugio seguro en la página central non; recibí halagos y muestras de afecto tanto en las páginas del suplemento como en el correo electrónico y en encuentros casuales; recibí ataques de los que siempre aprendí algo aunque no siempre lo que pretendían inculcarme; viví el vértigo exquisito de ser “ave de tempestades” y centro de polémicas; conseguí que mi nombre sea conocido en algunos círculos (casi siempre con odio, que es la mejor forma de hacerse inolvidable); convertí nuestra amistad en hermandad y nuestra mutua empatía en compromiso; hice amigos muy queridos, como el gran Filiberto y como el entrañable y doloroso Jaime Pastor.


Así, imposible decir adiós a sábado, al que sigo viendo como la casona familiar a la que se suele ir de visita y es posible regresar a vivir en ella. Que nadie se confunda: tú y yo no hemos reñido, somos amigos y considero que en el plano literario casi te debo tanto a tí como a mi pluma. Los que se niegan a apreciarte en toda tu magnitud, como editor y maestro, no son sino mercaderes que no merecen ni la saliva que se gasta en nombrarlos (Dostoievski). En cuanto a tus dimensiones humanas, los que te conocemos las llevamos como un tesoro emotivo, espiritual e intelectual invaluable. Es otro punto en el que quiero disipar toda confusión posible: el último culpable del cambio que me hace retirarme al desierto eres tú. México ha cambiado; los suplementos culturales van desapareciendo o volviéndose una farsa que alimenta a las revistas (Altamirano le grita a nuestros intelectuales si no se dan cuenta de cómo están abandonando los ríos, de cuánto están dejando perder en la confusión de una época difícil de comprender, llena de fenómenos difíciles, cuan dignos, de analizar); unomásuno ha cambiado y, sobre todo, yo y mi circunstancia hemos cambiado. No quiero decir ni que hayas dejado de reinar en tu imperio ni que yo haya negociado un ápice de mis pasiones o mi constante preocupación por el trasunto literario de un mundo que me disgusta y amo. En las condiciones dichas, creo ser fiel a mi compromiso de ir contigo en las malas tanto como fui en las buenas. No me interesa, en absoluto, quitarme el estigma de “escudero de Batis”: es uno de mis más preciosos documentos de identidad. Pocos saben lo mucho que mi corazón, mi mente y mi actitud intelectual te deben.


Estaremos de acuerdo, también, en que no sólo tú importas: sé que tengo lectores que quizá extrañarán mi colaboración semanal. Hacia ellos esto es un acto de lealtad tanto como hacia ti y hacia mí: En el retrete del mosto ya no puede seguir existiendo honestamente. Acaso de vez en cuando escribiré un retrete destinado al disco duro de mi computadora. Mi pasión es escribir, no publicar. De hecho desdeño un tanto la publicación de mi literatura en una época en que la literatura de mayor aceptación entre editores y críticos es contraria a la mía. México mismo, así, no me interesa para publicar, cosa que escribo con dolor. La moda pasará más temprano que tarde, entonces vendrá mi turno; entretanto, no quiero ser parte de la tarima en la que se contonean las bataclanas en boga: soy moralista y cristiano, ambas cosas me hacen confiar en el tiempo y la espera. Dar al tiempo el tiempo, mucho o poco, que requiera es mi estrategia para volver a publicar; y esto será –si te parece— en las páginas de sábado.


Sobrevuelo el velamen que gobiernas. Al fin, viejo capitán, has hecho lo debido para salvar tu embarcación, de modo que no habrá naufragio. Pero la nueva ruta no es la mía.


Con viril amor:


Miguelángel Díaz Monges, julio del 99.