Escupido al mundo en un lugar incierto soy un español en México o un mexicano en España y al fin un desterrado (sin exilios, para colmo de vergüenza) de al menos dos países. Mis vertientes sanguineas (que bajo la mira de un microscopio no presentan diferencia alguna entre sí) son vascas, andaluzas y castellanas. Algo llevo de hidalgo celtíbero, otro tanto de agareno y un mucho de extraterrestre. Pero atención y que nadie se confunda: no soy un "ciudadano del mundo" (¡que el Dios en que no creo salvo cuando lo necesito me pille confesado!).
He nacido y vivido escritor. Dicho queda para más señas, y que de poco valga, pues tal pulsión de la que tantos hacen oficio se ha vuelto una pandemia que, por agravante, padece de una mala calidad que a los más satisface y a mí, ¿cómo expresarlo?, me descojona cuando no me cabrea.
Estudié Filosofía y, como todo inútil profesional, he currado en cosas tales como velador de un cementerio o funcionario en un ministerio (nótese que son empeños bien parecidos entre sí; quizá por ello me obligan a esa irónica rima interna). También he debido escribir cuanto escribir se puede (al menos para lo que a mi menda es dado), de modo que he hecho crónica y periodismo amén de lo académicamente loado y enlodado: ensayo, poesía, cuento y novela. Ahora bien: lo mío son las charadas, el sin-ton-ni-son, el clasifíquelo usted si le place.
Tengo más de 40 años, edad suficiente para saber que el peor y más enquistado de los optimismos es el que apunta a la muerte total del optimismo. Aunque nunca creí en mí, sufrí la pesadilla de esperar algo de mis afanes. Me he curado de ese mal y ahora escribo en sitios como éste. Las botellas de náufrago del ciberespacio, ésas que nos han demostrado dos cosas: que todo gilipollas es un creador en potencia y que ortografía y gramática son enseñanzas que conviiene reforzar... o derogar.


2 comentarios:
De alguna manera, ya sabía todo esto de tí sin haberlo leído, pero siempre es un gustazo seguir el rastro de tu desparpajada pluma. Enhorabuena por asumirte tantas cosas con la desfachatez y soltura que dan los años, como un buen vino añejado. Nos seguimos encontrando, besos.
Hasta acá me ha llegado este botellazo,de isla a isla, y me ha dejado una agradable sensación de anonimato, narcisismo e inteligencia, todo ello parte del talento escritural, saludos.
Publicar un comentario en la entrada